COLORES
Colores. A
pesar de la pesadez que siento en mis ojos, producto de las lágrimas y el
dolor, Puedo vislumbrar los colores del amanecer y pensar en que aun existen la luz y los colores en el
mundo.
Hace un
tiempo, escuche a un hombre de los del
otro lado que llego a mi escuela, contar una historia acerca de otro hombre de los del otro lado-el hijo del dios
que adoraba que vino a la tierra a salvar al mundo- y decía que luego de un
largo camino este hombre se sintió con mucha sed y se detuvo en un pozo donde
le pidió agua a una mujer de un pueblo enemigo del suyo que se encontraba allí. Esta mujer, por
supuesto, se rehusó a brindarle agua; y viendo el esto, le dijo que si ella
supiera quien le estaba hablando, entonces seria ella quien le pediría agua a
él y él le daría de beber un agua que le
quitaría por siempre la sed y le daría vida eterna. Desde el momento en el que
escuche aquella historia, fueron
innumerables las veces en mi vida en las que desee beber de esa agua que me
quitaría por siempre la sed. Sin embargo, ninguna podría compararse a este
momento, en el que siento cada parte de mi cuerpo ser consumido por el frio, el dolor y la sed.
Colores.
¿Cómo es el color del dolor? Es oscuro e intenso. Entre más intenso y más
profundo se convierte en un nuevo color… El color de la muerte.
No fue hace
más de unas pocas horas que aquellos hombres
llegaron a aquel lugar que desde ya varias semanas se había convertido
en el hogar más de veinte inmigrantes incluyendo a mi familia, cuyos nombres y
géneros ni siquiera importan así como tampoco importa quién soy yo. En mi antigua aldea, se tenía por costumbre
que no se le pondría a una nacido un nombre sino hasta que pasara cierta edad
de mayoría y entonces se podría decir que era un sobreviviente. Qué sentido
tendría ponerle un nombre a una criatura que
pronto moriría por causa del hambre, de
la sed o de alguna enfermedad que traería consigo dolor y luego la
muerte. Soy sobreviviente, sin embargo, hasta este momento, la vida, como un
terrible sueño; ha sabido destruirme hasta el momento de hoy en el que está
dispuesta a acabarme por completo. Y este entonces ya no seré más
sobreviviente.
Me desperté
por los gritos de las personas de las otras habitaciones y los constantes
disparos a los insensatos que luchan por escapar. El miedo que durante toda mi
vida me había esclavizado, una vez más ejercía su dominio y poder sobre mí. Pero
este señor no simplemente era mi señor, sino que, por lo menos en esa ocasión, también era
señor de todas las personas en ese lugar quienes permanecían sumisas ante él.
Todos ya
estaban despiertos, paralizados ante los disparos y gritos de todas aquellas
personas que no veían, nadie estaba dispuesto a hacer algo más que esperar y
muchos de los niños presentían entre sus lágrimas lo que todos los mayores
entendían: ese día ya no verían un nuevo amanecer. Nadie había previsto que
aquellos hombres llegarían esa noche y
acabarían con todo. Las oscuras nubes no se apoderaron del cielo dando aviso de
la gran tormenta.
En vano nos
habíamos tratado de esconder en el hábitat de las feroces bestias que nos
arrebataban el alimento buscando más alimento perteneciente a ellos porque el
nuestro ya se había acabado. Todo lo que quedaba de agua en nuestra aldea era
la saliva de nuestras bocas y esta se acabaría si no encontrábamos más agua
para sobrevivir aunque fuera en un muy mal estado y luego nos causara la
muerte. El ser humano es un ser que encuentra una simple roca en el desierto y
tiene la constante necesidad de poseerla porque tiene gran un valor para él sin
importar que es una insignificante roca; y entonces, todo su ser y
entendimiento es porque esa simple roca es. Y esa roca tiene el poder de
destruirlo.
Varios de
aquellos hombres aparecen en la puerta de nuestra habitación iluminados por
antorchas y entonces comienzan los gritos.
Colores. El
color del fuego en las antorchas. Ese brillante color amarillo que me lleva a
las noches en mi aldea. Todos reunidos alrededor de una fogata regocijándonos
con canticos o apoteósicas historias acerca del origen de todas las cosas o de
nuestros antepasados. Pero el fuego quema ardiendo más brillante en la
oscuridad.
Las personas
son levantadas del piso que constituía sus camas y forzadas a salir de la
habitación. Han escuchado lo suficiente los disparos de las otras habitaciones
como para intentar luchar. Sin embargo para uno o dos no fueron suficientes y
entonces se me hiela la piel ante el
sonido de las armas y cierro los ojos. Tal vez ellos habrían querido morir
luchando, mostrando de alguna forma que no eran más esclavos del miedo.
En medio de la poca luz, veo los rostros de
agonía en las personas y a los padres intentando permanecer cerca de sus hijos.
Mientras me toman de forman brusca por
el brazo para salir de la habitación, se me paraliza el corazón cuando piso con
mis pies descalzos un charco de líquido junto a un cuerpo helado y entiendo que
es sangre.
Me amenazan
apuntándome con un arma para que camine por el pasillo escasamente iluminado
junto a las demás personas. Se respira la agonía por donde sea que camino y en
cada persona sin esperanza con la que me tropiezo. Ellos no quieren ensuciar
con sangre y putrefacción humana el interior de la casa y por eso nos sacan
afuera para nuestro fin, sin embargo lo hacen cuando les parece necesario. Pronto
estoy afuera y siento que el terror se
apodera de una nueva forma, más dominante dentro de mí.
Lo que veo a
continuación es un baño de sangre, los gritos de desesperación y el llanto de
muchas personas no queriendo despedirse de su vida. Muchos claman a sus dioses
por piedad, pero no reciben respuesta; otros deciden entregar su devoción a los
hombres que los ultrajan pidiéndoles misericordia pero a estos no les importa.
Recuerdo de
aquella historia del agua que quitaría por siempre la sed que la mujer con la
que el hijo de Dios hablaba era conocida por ser una adultera, quien había dado
su cuerpo a una multitud de hombres. Puedo pensar en aquello que estaba mal
dentro de esa mujer y del mismo modo pensar en aquello que está mal dentro de
estos hombres y también dentro de mí. ¿Por qué los humanos tenemos la necesidad
y ambición de destruirnos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea?
Aquellos
hombres habían encendido una hoguera para incinerar los cuerpos ya cruelmente
asesinados. Busco a alguien de mi familia pero no encuentro a ninguno de ellos.
Miro a un hombre arrojar el cuerpo
de un niño al incandescente fuego y
entonces pienso en aquellas personas que murieron en el interior de la casa resistiéndose
a aquellos hombres. Veo como hacen arrodillar a las personas para luego
dispararles en la frente y yo no quiero morir así. Por un momento siento que
todas las cadenas del miedo han sido rotas. Lo he vencido. Aunque fuese por
solo un momento, en el último de mi vida; e intento correr. No huyendo de todo
esto, pues no existe escapatoria, sino demostrándoles a ellos que no les
pertenezco que vivo y tengo un valor. Siento un frio que se apodera rápidamente
de todo mi cuerpo, veo mi sangre saliendo de mí
y a los pocos segundos caigo al suelo.
Colores. El
color de la sangre. El color rojo que corre en mi ser, mi vida, saliendo
descontroladamente de mí. Regada en el piso incapaz de volver arrancándome lenta y
despiadadamente la vida.
Mi muerte se
hace lenta, y cada minuto que pasa mi boca siente más y más sed. He escuchado
que los del otro tienen una gran cantidad de agua pura con la que pueden
bañarse, beber cuando lo deseen e incluso malgastar en tontas actividades; que
existen lugares que no son un viejo pozo donde pueden encontrar grandes
cantidades de agua que si es limpia. Desearía poder ir al otro lado y decirles
que afortunados son y también disfrutar de todo aquello. No parece justo que
miles de personas aquí mueran de sed teniendo ellos tanta agua pero ya eso no
tiene sentido; Pronto, tenga vida o haya muerto, me arrojaran al fuego y todo
lo que soy se volverá cenizas. Entiendo que eso es lo que le ocurre a todos.
Cuando aquellos
hombres han terminado de matar a todos y lo único que les queda es arrojar los
cuerpos al fuego. Ya empieza a amanecer. Puedo ver por primeros rayos del sol
atravesar el cielo.
Colores. Los
colores del amanecer. La brillante luz de los rayos del sol que después de la
profunda oscuridad de la noche significan renacimiento y no destrucción.
En medio de
mi profunda sed también pienso en el agua y sus colores. No son los diferentes
tipos de azules que pueden verse en muchas océanos. No es el displicente marrón
del agua sucia que muchas veces sale de los pozos. Sino que es cristal y puro.
Y entonces soy yo todos sus colores.
Colores. El
color de la vida, el más sublime dentro de todos los colores, se difumina
completamente en mí.





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