miércoles, 29 de abril de 2015

COLORES

Colores. A pesar de la pesadez que siento en mis ojos, producto de las lágrimas y el dolor, Puedo vislumbrar los colores del amanecer y pensar  en que aun existen la luz y los colores en el mundo.
Hace un tiempo,  escuche a un hombre de los del otro lado que llego a mi escuela, contar una historia acerca de otro  hombre de los del otro lado-el hijo del dios que adoraba que vino a la tierra a salvar al mundo- y decía que luego de un largo camino este hombre se sintió con mucha sed y se detuvo en un pozo donde le pidió agua a una mujer de un pueblo enemigo del suyo  que se encontraba allí. Esta mujer, por supuesto, se rehusó a brindarle agua; y viendo el esto, le dijo que si ella supiera quien le estaba hablando, entonces seria ella quien le pediría agua a él  y él le daría de beber un agua que le quitaría por siempre la sed y le daría vida eterna. Desde el momento en el que escuche aquella historia,  fueron innumerables las veces en mi vida en las que desee beber de esa agua que me quitaría por siempre la sed. Sin embargo, ninguna podría compararse a este momento, en el que siento cada parte de mi cuerpo  ser consumido por el frio, el dolor y la sed.
Colores. ¿Cómo es el color del dolor? Es oscuro e intenso. Entre más intenso y más profundo se convierte en un nuevo color… El color de la muerte.
No fue hace más de unas pocas horas que aquellos hombres  llegaron a aquel lugar que desde ya varias semanas se había convertido en el hogar más de veinte inmigrantes incluyendo a mi familia, cuyos nombres y géneros ni siquiera importan así como tampoco importa quién soy yo.  En mi antigua aldea, se tenía por costumbre que no se le pondría a una nacido un nombre sino hasta que pasara cierta edad de mayoría y entonces se podría decir que era un sobreviviente. Qué sentido tendría ponerle un nombre a una criatura que  pronto moriría por causa del hambre, de  la sed o de alguna enfermedad que traería consigo dolor y luego la muerte. Soy sobreviviente, sin embargo, hasta este momento, la vida, como un terrible sueño; ha sabido destruirme hasta el momento de hoy en el que está dispuesta a acabarme por completo. Y este entonces ya no seré más sobreviviente.
Me desperté por los gritos de las personas de las otras habitaciones y los constantes disparos a los insensatos que luchan por escapar. El miedo que durante toda mi vida me había esclavizado, una vez más ejercía su dominio y poder sobre mí. Pero este señor no simplemente era mi señor, sino que,  por lo menos en esa ocasión, también era señor de todas las personas en ese lugar quienes permanecían sumisas ante él.
Todos ya estaban despiertos, paralizados ante los disparos y gritos de todas aquellas personas que no veían, nadie estaba dispuesto a hacer algo más que esperar y muchos de los niños presentían entre sus lágrimas lo que todos los mayores entendían: ese día ya no verían un nuevo amanecer. Nadie había previsto que aquellos hombres  llegarían esa noche y acabarían con todo. Las oscuras nubes no se apoderaron del cielo dando aviso de la gran tormenta.
En vano nos habíamos tratado de esconder en el hábitat de las feroces bestias que nos arrebataban el alimento buscando más alimento perteneciente a ellos porque el nuestro ya se había acabado. Todo lo que quedaba de agua en nuestra aldea era la saliva de nuestras bocas y esta se acabaría si no encontrábamos más agua para sobrevivir aunque fuera en un muy mal estado y luego nos causara la muerte. El ser humano es un ser que encuentra una simple roca en el desierto y tiene la constante necesidad de poseerla porque tiene gran un valor para él sin importar que es una insignificante roca; y entonces, todo su ser y entendimiento es porque esa simple roca es. Y esa roca tiene el poder de destruirlo.
Varios de aquellos hombres aparecen en la puerta de nuestra habitación iluminados por antorchas y entonces comienzan los gritos.
Colores. El color del fuego en las antorchas. Ese brillante color amarillo que me lleva a las noches en mi aldea. Todos reunidos alrededor de una fogata regocijándonos con canticos o apoteósicas historias acerca del origen de todas las cosas o de nuestros antepasados. Pero el fuego quema ardiendo más brillante en la oscuridad.
Las personas son levantadas del piso que constituía sus camas y forzadas a salir de la habitación. Han escuchado lo suficiente los disparos de las otras habitaciones como para intentar luchar. Sin embargo para uno o dos no fueron suficientes y entonces se me  hiela la piel ante el sonido de las armas y cierro los ojos. Tal vez ellos habrían querido morir luchando, mostrando de alguna forma que no eran más esclavos del miedo.
 En medio de la poca luz, veo los rostros de agonía en las personas y a los padres intentando permanecer cerca de sus hijos. Mientras  me toman de forman brusca por el brazo para salir de la habitación, se me paraliza el corazón cuando piso con mis pies descalzos un charco de líquido junto a un cuerpo helado y entiendo que es sangre.
Me amenazan apuntándome con un arma para que camine por el pasillo escasamente iluminado junto a las demás personas. Se respira la agonía por donde sea que camino y en cada persona sin esperanza con la que me tropiezo. Ellos no quieren ensuciar con sangre y putrefacción humana el interior de la casa y por eso nos sacan afuera para nuestro fin, sin embargo lo hacen cuando les parece necesario. Pronto estoy afuera y siento que el terror  se apodera de una nueva forma, más dominante dentro de mí.
Lo que veo a continuación es un baño de sangre, los gritos de desesperación y el llanto de muchas personas no queriendo despedirse de su vida. Muchos claman a sus dioses por piedad, pero no reciben respuesta; otros deciden entregar su devoción a los hombres que los ultrajan pidiéndoles misericordia pero a estos no les importa.
Recuerdo de aquella historia del agua que quitaría por siempre la sed que la mujer con la que el hijo de Dios hablaba era conocida por ser una adultera, quien había dado su cuerpo a una multitud de hombres. Puedo pensar en aquello que estaba mal dentro de esa mujer y del mismo modo pensar en aquello que está mal dentro de estos hombres y también dentro de mí. ¿Por qué los humanos tenemos la necesidad y ambición de destruirnos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea? 
Aquellos hombres habían encendido una hoguera para incinerar los cuerpos ya cruelmente asesinados. Busco a alguien de mi familia pero no encuentro a ninguno de ellos.  Miro a un hombre arrojar el cuerpo de  un niño al incandescente fuego y entonces pienso en aquellas personas que murieron en el interior de la casa resistiéndose a aquellos hombres. Veo como hacen arrodillar a las personas para luego dispararles en la frente y yo no quiero morir así. Por un momento siento que todas las cadenas del miedo han sido rotas. Lo he vencido. Aunque fuese por solo un momento, en el último de mi vida; e intento correr. No huyendo de todo esto, pues no existe escapatoria, sino demostrándoles a ellos que no les pertenezco que vivo y tengo un valor. Siento un frio que se apodera rápidamente de todo mi cuerpo, veo mi sangre saliendo de mí  y a los pocos segundos caigo al suelo.  
Colores. El color de la sangre. El color rojo que corre en mi ser, mi vida, saliendo descontroladamente de mí. Regada en el piso incapaz  de volver arrancándome lenta y despiadadamente la vida.
Mi muerte se hace lenta, y cada minuto que pasa mi boca siente más y más sed. He escuchado que los del otro tienen una gran cantidad de agua pura con la que pueden bañarse, beber cuando lo deseen e incluso malgastar en tontas actividades; que existen lugares que no son un viejo pozo donde pueden encontrar grandes cantidades de agua que si es limpia. Desearía poder ir al otro lado y decirles que afortunados son y también disfrutar de todo aquello. No parece justo que miles de personas aquí mueran de sed teniendo ellos tanta agua pero ya eso no tiene sentido; Pronto, tenga vida o haya muerto, me arrojaran al fuego y todo lo que soy se volverá cenizas. Entiendo que eso es  lo que le ocurre a todos.
Cuando aquellos hombres han terminado de matar a todos y lo único que les queda es arrojar los cuerpos al fuego. Ya empieza a amanecer. Puedo ver por primeros rayos del sol atravesar el cielo.
Colores. Los colores del amanecer. La brillante luz de los rayos del sol que después de la profunda oscuridad de la noche significan renacimiento y no destrucción.
En medio de mi profunda sed también pienso en el agua y sus colores. No son los diferentes tipos de azules que pueden verse en muchas océanos. No es el displicente marrón del agua sucia que muchas veces sale de los pozos. Sino que es cristal y puro. Y entonces soy yo todos sus colores.

Colores. El color de la vida, el más sublime dentro de todos los colores, se difumina completamente en mí.